miércoles, 22 de mayo de 2013

Eva está dentro de su gato


Como la mayoría de los lectores del Verde que te quiero Verde son iniciados, practicantes de oficio o ya versados en el arte de las letras, dejo esta curiosidad que sé aportará grandes recursos a sus espíritus estéticos y a su producción artística.

Mi relación con el tabaco siempre ha sido muy distante, y sólo recuerdo una anécdota muy curiosa a la que se le suma otra en estos días.
Hará unos 25 años atrás tenía un viaje de placer pendiente a Cuba, y un amigo de bohemia, don Rodrigo Quintana, me encargó un puro de la isla, no una caja, un solo puro, nunca pregunté la causa de que fuera uno solo, apenas ahora vengo a preguntármelo. El viaje no se dio y en cambio por circunstancias imprevistas me veo en una discoteca latina en Estocolmo bailando  El ratón del Cheo Feliciano. Al final de la juerga con varios amigos llegamos al apartamento de un conocido titiritero, donde terminamos jugando a las cartas varios objetos entre discos, libros, una entrada a una función de ópera, una cámara Zenit rusa, un sombrero de piel de camello de un gitano, y sí,  un puro Cohíba Club torcido a la voz de una lectora de tabaquería leyendo las páginas de Cien años de soledad allá mismo en Cuba!!!
Una vez con el puro en mi poder, la verdad es que el azar y la suerte me premiaron con el sombrero de piel de camello pero terminé cambiándolo por el puro, lo envié por correo a mi amigo don Rodrigo con una breve y emotiva carta. Después me enteré que en una tarde cuajada de gigantescas olas de nostalgia rompiendo con fuerza en impasibles y elevados peñascos de probables buenas nuevas don Rodrigo fumó a placer su puro y entre lágrimas pegó el sello del cohíba en la carta recibida. Unos pocos años más supe que a don Rodrigo se le empezó a crecer el corazón hasta que no le cupo ya en el pecho y abandonó este y otros muchos mundos.
La segunda anécdota es como sigue. Una amiga bruja me visita sorpresivamente el sábado pasado para hacer un psicodrama chamánico, es una “terapia” ja ja ja sencilla y simple de realizar, pero basada en investigaciones y estudios que han llevado años, ya que ella es Doctora en psicología y sociología aparte que es una estudiosa obsesa y minusiosa de literatura Américoibérica. El pretexto fue el famoso método de la lectura del tabaco, se usó para el ritual un Cohiba Esplendido, un néctar super especial de los dioses caribes llamado ron Havana Club y un cuento de Gabriel García Márquez titulado “Eva dentro de su gato”.
Narro muy por encima el proceso. El tabaco ha de ser curao (rezao) mínimo tres días antes, se corta con los dientes, no con tijera, luego de encendido con un fósforo de madera o brasa, hacia dentro y no hacia fuera, se empieza a dar tres bocanadas hacia algún punto cardinal. Escogí empezar por el sur, luego tres bocanadas hacia el norte, y así con los dos restantes puntos. En caso de que desprenda ceniza se van depositando en una pequeña bandeja de plata de arriba hacia abajo. Después mientras se va tomando ron acompasadamente y sin prisa se sigue fumando y leyendo y comentando sobre lo leído, ocasionalmente la bruja va leyendo sobre la pavesa y se van haciendo los cortes de ceniza que se depositan en la bandeja. Al final ella aplasta las cenizas con el pulgar de su mano izquierda y traza una cruz sobre ellas con el índice de la mano derecha y da una nueva lectura, esta marca las probabilidades de acontecimientos futuros, como era de esperarse, una racha de sucesos exitosos, ja ja ja. En cuanto al corazón siempre la brújula marca hacia el oriente y otras cosas más precisas que me cuesta revelar aquí ja ja ja, pero que coinciden con la realidad.
Hago un aparte al escrito anterior para decir que antiguamente los puros cubanos se torcían sobre los muslos de jóvenes artesanas lo que les daba esa extraña suavidad tan acentuada y sobresaliente.
Por lo demás aquí dejo el cuento leído para aquellos voraces aventureros y gozadores de lo sobrenatural en el arte y que fue la médula del ritual:

Eva está dentro de su gato
por Gabriel García Márquez

De pronto notó que se le había derrumbado su belleza que llegó a dolerle físicamente como un tumor o como un cáncer. Todavía recordaba el peso de ese privilegio que llevó sobre su cuerpo durante la adolescencia y que ahora había dejado caer —¡quién sabe dónde!— con un cansancio resignado, con un último gesto de animal decadente. Era imposible seguir soportando esa carga por más tiempo. Había que dejar en cualquier parte ese inútil adjetivo de su personalidad; ese pedazo de su propio nombre que a la fuerza de acentuarse había llegado a sobrar. Sí; había que abandonar la belleza en cualquier parte; a la vuelta de una esquina, en un rincón suburbano. O dejarla olvidada en el ropero de un restaurante de segunda clase como un viejo abrigo inservible. Estaba cansada de ser el centro de todas las atenciones, de vivir asediada por los ojos largos de los hombres. En la noche, cuando clavaba en sus párpados los alfileres del insomnio, hubiera deseado ser mujer ordinaria, sin atractivos. Dentro de las cuatro paredes de su habitación todo le era hostil. Desesperada, sentía prolongarse la vigilia por debajo de su piel, por su cabeza, empujando la fiebre hacia arriba, hacia la raíz de su cabello. Era como si sus arterias se hubieran poblado de unos insectos diminutos y calientes que con la cercanía de la madrugada, diariamente, se despertaban y recorrían con sus patas movedizas, en una desgarradora aventura subcutánea, ese pedazo de barro frutecido donde se había localizado su belleza anatómica. En vano luchaba por ahuyentar aquellos animales terribles. No podía. Eran parte de su propio organismo. Habían estado allí, vivos, desde mucho antes de su existencia física. Venían desde el corazón de su padre que los había alimentado dolorosamente en sus noches de soledad desesperada.
 O tal vez habían desembocado a sus arterias por el cordón que la llevó atada a su madre desde el principio del mundo. Era indudable que esos insectos no habían nacido espontáneamente dentro de su cuerpo. Ella sabía que venían de atrás, que todos los que llevaron su apellido tuvieron que soportarlos, que tuvieron que sufrirlos como ella cuando el insomnio se hacía invencible hasta la madrugada. Eran esos insectos los mismos que pintaban ese gesto amargo, esa tristeza inconsolable en el rostro de sus antepasados. Ella los había visto mirar desde su apagada existencia, desde su retrato, antiguo, víctimas de esa misma angustia. Todavía recordaba el rostro inquietante de la bisabuela que desde su lienzo envejecido pedía un minuto de descanso, un segundo de paz a esos insectos que allá, en los canales de su sangre, seguían martirizándola y embelleciéndola despiadadamente. No; esos insectos no eran suyos. Venían transmitiéndose de generación a generación sosteniendo con su diminuta armadura todo el prestigio de una casta selecta; dolorosamente selecta. Esos insectos habían nacido en el vientre de la primera madre que tuvo una hija bella. Pero era necesario, urgente, detener esa herencia. Alguien tenía que renunciar a seguir transmitiendo esa belleza artificial. De nada valía a las mujeres de su estirpe admirarse de sí mismas al regresar del espejo, si durante las noches esos animales hacían su labor lenta y eficaz, sin descanso, con una constancia de siglos. Ya no era una belleza, era una enfermedad que había que detener, que había que cortar en forma enérgica y radical.

Todavía recordaba las horas interminables en aquel lecho sembrado de agujas calientes. Aquellas noches en que ella trataba de empujar el tiempo para que con la llegada del día esas bestias dejaran de doler. ¿De qué servía una belleza así? Noche a noche, hundida en su desesperación, pensaba que más le hubiera valido ser una mujer vulgar, o ser hombre; pero no tener esa virtud inútil, alimentada por insectos de remotos orígenes que le estaban precipitando la llegada irrevocable de la muerte. Tal vez sería feliz si tuviera el mismo desgarbo, esa misma fealdad desolada de su amiga checoslovaca que tenía nombre de perro. Más le hubiera valido ser fea, para tener un sueño apacible como el de cualquier cristiano.
 Maldijo a sus antepasados. Ellos tenían la culpa de su vigilia. Ellos, que habían transmitido esa belleza invariable, exacta, como si después de muertas las madres sacudieran y renovaran las cabezas para injertarlas en los troncos de las hijas. Era como si la misma cabeza, una cabeza sola, hubiera venido transmitiéndose, con unas mismas orejas, con igual nariz, con idéntica boca, con su pesada inteligencia, en todas las mujeres, quienes tenían que recibirla irremediablemente como un doloroso patrimonio de belleza. Era allí, en la transmisión de la cabeza, donde venía ese microbio eterno que a través de las generaciones se había acentuado, había tomado personalidad, fuerza, hasta convertirse en un ser invencible, en una enfermedad incurable que al llegar a ella, después de haber pasado por un complicado proceso de censuración, ya ni podía soportarse y era amarga y dolorosa... Exactamente como un tumor o como un cáncer.

En esas horas de desvelo era cuando se acordaba de las cosas desagradables a su fina sensibilidad. Recordaba esos objetos que constituían el universo sentimental donde se habían cultivado, como en un caldo químico, aquellos microbios desesperantes. En esas noches, con los redondos ojos abiertos y asombrados, soportaba el peso de la oscuridad que caía sobre sus sienes como un plomo derretido. En derredor suyo dormían todas las cosas. Y desde su rincón, ella trataba de repasar, para distraer su sueño, sus recuerdos infantiles.

Pero siempre esa recordación terminaba con un terror por lo desconocido. Siempre su pensamiento, después de vagar por los oscuros rincones de la casa, se encontraba frente a frente con el miedo. Entonces empezaba la lucha. La verdadera lucha contra tres enemigos inconmovibles. No podría —no, no podría jamás— sacudir el miedo de su cabeza. Tenía que soportarlo apretado a su garganta. Y todo por vivir en ese caserón antiguo, por dormir sola en aquel rincón, apartada del resto del mundo.
Siempre su pensamiento se iba por los húmedos pasadizos oscuros sacudiendo de los retratos el polvo seco cubierto de telarañas. Ese polvo inquietante y tremendo que caía de arriba, desde ese sitio en que se estaban deshaciendo los huesos de sus antepasados. Invariablemente se acordaba de “el niño”. Allá lo imaginaba, sonámbulo, debajo de la hierba, en el patio, junto al naranjo con un puñado de tierra mojada dentro de la boca. Le parecía verlo en su fondo arcilloso, cavando hacia arriba con las uñas, con los dientes, huyéndole al frío que le mordía la espalda; buscando la salida al patio por ese pequeño túnel donde lo habían metido con los caracoles. En el invierno lo oía llorar con su llanto chiquito, sucio de barro, traspasado por la lluvia. Lo imaginaba completo. Tal como lo habían dejado cinco años atrás, en aquel hueco lleno de agua. No podía pensar que se hubiera descompuesto. Al contrario, debía de ser bellísimo navegando en esa agua espesa como en un viaje sin salida. O lo veía vivo pero asustado, miedoso de sentirse solo, enterrado en un patio tan sombrío. Ella misma se había opuesto a que lo dejaran allí, debajo del naranjo, tan cercano a la casa. Le tenía miedo. Sabía que en las noches en que la persiguiera la vigilia él lo adivinaría. Regresaría por los anchos corredores a pedirle que lo acompañara, a pedirle que lo defendiera de esos otros insectos que se estaban comiendo la raíz de sus violetas. Volvería a que lo dejara dormir a su lado como cuando era vivo. Ella tenía miedo de sentirlo de nuevo a su lado después de haber saltado el muro de la muerte. Tenía miedo de robar esas manos que “el niño” traería siempre cerradas para calentar su pedacito de hielo. Ella quería, después de que lo vio convertido en cemento como la estatua del miedo tumbada sobre el lino, quería que se lo llevaran lejos para no recordarlo en la noche. Y sin embargo lo habían dejado allí donde ahora estaba imperturbable, astroso, alimentando su sangre con el barro de las lombrices. Y ella tenía que resignarse a verlo regresar desde su fondo de tinieblas. Porque siempre invariablemente, cuando se desvelaba se ponía a pensar en “el niño” que debía estar llamándola desde su pedazo de tierra para que lo ayudara a fugarse de esa muerte absurda.
 Pero ahora, en su nueva vida intemporal, inespacial, estaba más tranquila. Sabía que allá, fuera de su mundo, todo seguía marchando con el mismo ritmo de antes; que su habitación debía de estar aún sumida en la madrugada y que sus cosas, sus muebles, sus trece libros favoritos, permanecían en su puesto. Y que en su lecho, desocupado, apenas empezaba a desvanecerse el aroma corpóreo que ocupaba ahora su vacío de mujer entera. Pero, ¿cómo pudo suceder “eso”? ¿Cómo ella, después de ser una mujer bella, con la sangre poblada de insectos, perseguida por el miedo en la noche total, había dejado la pesadilla inmensa, insomne, para ingresar ahora a un mundo extraño,desconocido, en donde habían sido eliminadas todas las dimensiones? Recordó. Aquella noche —la de su tránsito— hacía más frío que de costumbre y ella estaba sola en la casa, martirizada por el insomnio. Nadie perturbaba el silencio, y el olor que subía del jardín, era un olor a miedo. El sudor brotaba de su cuerpo como si la sangre de sus arterias se estuviera derramando con su carga de insectos. Deseaba que alguien pasara por la calle, alguien que gritara, que rompiera aquella atmósfera detenida. Que se moviera algo en la naturaleza, que volviera la tierra a girar alrededor del sol. Pero fue inútil. Ni siquiera despertarían esos hombres imbéciles que se habían quedado dormidos debajo de su oreja, dentro de la almohada. Ella también estaba inmóvil. Las paredes manaban un fuerte olor a pintura fresca, ese olor espeso, grande, que no se siente con el olfato sino con el estómago. Y sobre la mesa el reloj único, golpeando el silencio con su máquina mortal. “¡El tiempo... oh, el tiempo...!”, suspiró ella recordando a la muerte. Y allá, en el patio, debajo del naranjo, seguía llorando “el niño” con su llanto chiquito desde el otro mundo.

Acudió a todas sus creencias. ¿Por qué no amanecía en aquel momento o se moría de una vez? Nunca creyó que la belleza fuera a costarle tantos sacrificios. En aquel momento —como de costumbre— seguía doliéndole por encima del miedo. Y por debajo del miedo seguían martirizándola esos implacables insectos. La muerte se le había apretado a la vida como una araña que la mordía rabiosamente, dispuesta a hacerla sucumbir. Pero estaba de-morando el último instante. Sus manos, esas manos que los hombres apretaban imbécilmente, con manifiesta nerviosidad animal, estaban inmóviles, paralizadas por el miedo, por ese terror irracional que venía de adentro, sin ningún motivo, sólo por saberse abandonada en aquella casa antigua. Trató de reaccionar y no pudo. El miedo la había absorbido totalmente y continuaba allí, fijo, tenaz, casi corpóreo; como si fuera una persona invisible que se había propuesto no salir de su habitación. Y lo que más la intranquilizaba era que ese miedo no tuviera justificación alguna, que fuera un miedo único, sin razón; un miedo porque sí.
 La saliva se había vuelto espesa en su lengua. Era mortificante entre sus dientes esa goma dura que se le pegaba al paladar y fluía sin que ella pudiera contenerla. Era un deseo distinto a la sed. Un deseo superior que estaba experimentando por primera vez en su vida. Por un momento se olvidó de su belleza, de su insomnio y de su miedo irracional. Se desconoció a sí misma. Por un instante creyó que habían salido los microbios de su cuerpo. Sentía que se habían venido pegados a su saliva. Sí; todo eso estaba muy bien. Bien que los insectos la hubieran despoblado y que ahora pudiera dormir. Pero era necesario encontrar un medio para disolver aquella resina que le embotaba la lengua. Si pudiera llegar hasta la despensa y... ¿Pero en qué estaba pensando? Tuvo un golpe de sorpresa. Nunca había sentido “ese deseo”. La urgencia de la acidez la había debilitado, volviendo inútil la disciplina que había seguido fielmente durante tantos años, desde el día en que sepultaron a “el niño”. Era una tontería, pero sentía asco de comerse una naranja. Sabía que “el niño” había subido hasta los azahares y que las frutas del próximo otoño estarían hinchadas de su carne, refrescadas con la tremenda frescura de su muerte. No. No podía comerlas. Sabía que debajo de cada naranjo, en todo el mundo, había un niño enterrado que endulzaba las frutas con la cal de sus huesos. Sin embargo ahora tenía que comerse una naranja. Era el único remedio para esa goma que la estaba ahogando. Era una tontería pensar que “el niño” estaba dentro de una fruta. Aprovecharía ese momento en que la belleza había dejado de dolerle para llegar hasta la despensa. Pero... ¿no era raro aquello? Era la primera vez en su vida que sentía verdaderos deseos de comerse una naranja. Se puso alegre, alegre. ¡Ah, qué placer! ¡Comerse una naranja! No sabía por qué, pero nunca tuvo un deseo más imperativo. Se levantaría. feliz de ser otra vez una mujer normal; cantando alegremente llegaría hasta la despensa; cantando alegremente, como una mujer nueva, recién nacida. Llegaría inclusive hasta el patio y...

Su recuerdo se tronchaba de pronto. Recordaba que había tratado de levantarse y que ya no estaba en su cama, que había desaparecido su cuerpo, que no estaban allí sus trece libros favoritos y que ella no era ya ella. Ahora estaba incorpórea, flotando, vagando sobre una nada absoluta, convertida en un punto amorfo, pequeñísimo, sin dirección. No podía precisar lo sucedido. Estaba confundida. Sólo tenía la sensación de que alguien la había empujado al vacío desde lo alto de un precipicio. Y nada más. Pero ahora no sentía ninguna reacción. Se sentía convertida en un ser abstracto, imaginario. Se sentía convertida en una mujer incorpórea; algo como si de pronto hubiera ingresado en ese alto y desconocido mundo de los espíritus puros.
 Volvió a tener miedo. Pero era un miedo distinto al del momento anterior. Ya no era el miedo al llanto de “el niño”. Era un terror por lo extraño, por lo misterioso y desconocido de su nuevo mundo. ¡Y pensar que después todo eso había sucedido tan inocentemente, con tanta ingenuidad de su parte! ¿Qué iba a decir a su madre cuando al llegar a la casa se iba a enterar de lo acontecido? Empezó a pensar en la alarma que se produciría en los vecinos cuando abrieran la puerta de su habitación y descubrieran que el lecho estaba vacío, que las cerraduras no habían sido tocadas, que nadie había podido entrar o salir y que sin embargo ella no estaba allí. Imaginó el gesto desesperado de su madre buscándola por toda la habitación, haciendo conjeturas, preguntándose a sí misma “qué habría sido de esa niña”. La escena se le presentaba clara. Acudirían los vecinos y empezarían a tejer comentarios —algunos maliciosos— sobre su desaparición. Cada cual pensaría según su propio y particular modo de pensar. Cada cual trataría de dar la explicación más lógica, la más aceptable al menos, en tanto que su madre correría por los pasadizos del caserón, desesperada, llamándola por su nombre.

Y ella estaría allí. Contemplaría el momento detalle a detalle desde su rincón, desde el techo, desde las hendiduras del muro, desde cualquier parte; desde el ángulo más propicio, escudada en su estado incorpóreo, en su inespacialidad. La intranquilizaba pensarlo. Ahora se daba cuenta de su error. No podría dar ninguna explicación, aclarar nada, consolar a nadie. Ningún ser vivo podría ser informado de su transformación. Ahora —quizás la única vez que los necesitaba— no tendría una boca, unos brazos, para que todos supieran que ella estaba allí, en su rincón, separada del mundo tridimensional por una distancia insalvable. En su nueva vida estaba aislada, totalmente impedida de captar sensaciones. Pero a cada momento algo vibraba en ella, un estremecimiento que la recorría, inundándola, la hacía saber de ese otro universo físico que se movía fuera de su mundo. No oía, no veía, pero sabía de ese sonido y de esa visión. Y allá, en la altura de su mundo superior, empezó a saber que un ambiente de angustia la rodeaba.
Hacía apenas un segundo —de acuerdo con nuestro mundo temporal— que se había realizado el tránsito, de manera que sólo ahora empezaba ella a conocer las modalidades, las características de su nuevo mundo. En torno suyo giraba una oscuridad absoluta, radical. ¿Hasta cuándo durarían esas tinieblas? ¿Tendría que acostumbrarse a ellas eternamente? Su angustia aumentó de concentración al saberse hundida en esa niebla espesa, impenetrable: ¿estaría en el limbo? Se estremeció. Recordó todo lo que había oído decir alguna vez sobre el limbo. Si en verdad estaba allí, a su lado flotaban otros espíritus puros de niños que murieron sin bautismo, que habían estado muriendo durante mil años. Trató de buscar en la sombra la vecindad de esos seres que debían de ser mucho más puros, mucho más simples que ella. Aislados por completo del mundo físico, condenados a una vida sonámbula y eterna. Tal vez estaba “el niño” persiguiendo una salida para llegar hasta su cuerpo.
 Pero no. ¿Por qué tendría que estar en el limbo? ¿Acaso había muerto? No. Simplemente fue un cambio de estado, un tránsito normal del mundo físico a un mundo más fácil, descomplicado, en el que habían sido eliminadas todas las dimensiones.
Ahora no tenía que sufrir esos insectos subcutáneos. Su belleza se había derrumbado. Ahora, en esa situación elemental, podía ser feliz. Aunque... —¡oh!— no completamente feliz porque ahora su más grande deseo, el deseo de comerse una naranja, se había hecho irrealizable. Era por lo único que hubiera querido estar todavía en su primera vida. Para poder satisfacer la urgencia de la acidez que persistía aún después del tránsito. Trató de orientarse a fin de llegar hasta la despensa y sentir, siquiera, la fresca y agria compañía de las naranjas. Fue entonces cuando descubrió una nueva modalidad de su mundo: estaba en todas partes de la casa, en el patio, en el techo, hasta en el propio naranjo de “el niño”. Estaba en todo el mundo físico más allá. ¡Y sin embargo no estaba en ninguna parte! De nuevo se intranquilizó. Había perdido el control sobre sí misma. Ahora estaba sometida a una voluntad superior, era un ser inútil, absurdo, inservible. Sin saber por qué empezó a ponerse triste. Casi comenzó a sentir nostalgia por su belleza: por esa belleza que ella había desperdiciado tontamente.

Pero una idea suprema la reanimó. ¿No había oído decir acaso que los espíritus puros pueden penetrar a voluntad en cualquier cuerpo? Después de todo, ¿qué perdía con intentarlo? Trató de recordar cuál de los habitantes de la casa podría ser sometido a la prueba. Si lograba realizar su propósito quedaría satisfecha: podría comerse la naranja. Recordó. A esa hora la gente del servicio no acostumbraba estar allí. Su madre no había llegado todavía. Pero la necesidad de comerse una naranja unida ahora a la curiosidad de verse encarnada en un cuerpo distinto al suyo, la obligaba a actuar cuanto antes. Pero no había allí nadie en quien encarnarse. Era una razón desoladora: no había nadie en la casa. Tendría que vivir eternamente aislada del mundo exterior, en su mundo adimensional, sin poder comerse la primera naranja. Y todo por una tontería. Hubiera sido mejor seguir soportando unos años más esa belleza hostil y no anularse para siempre, inutilizarse como una bestia vencida. Pero ya era demasiado tarde.
Iba a retirarse, decepcionada, a una región distante del universo, a una comarca donde pudiera olvidarse de todos sus pasados deseos terrenos. Pero algo la hizo desistir bruscamente. En su comarca desconocida se abrió la promesa de un futuro mejor. Sí: había alguien en la casa en quien podría reencarnarse: ¡en el gato! Vaciló luego. Era difícil resignarse a vivir dentro de un animal. Tendría una piel suave, blanca, y habría en sus músculos concentrada una gran energía para el salto. En la noche sentiría brillar sus ojos en la sombra como dos brasas verdes. Y tendría unos dientes blancos, agudos, para sonreírle a su madre desde su corazón felino con una ancha y buena sonrisa animal. ¡Pero no...! No podía ser. Se imaginó de pronto metida dentro del cuerpo del gato, recorriendo otra vez los pasadizos de la casa, manejando cuatro patas incómodas y aquella cola se movería suelta, sin ritmo, ajena a su voluntad. ¿Cómo sería la vida desde esos ojos verdes y luminosos? En la noche se iría a maullarle al cielo para que no derramara su cemento enlunado sobre el rostro de “el niño” que estaría bocarriba bebiéndose el rocío. Tal vez en su situación de gato también sienta miedo. Y tal vez, al fin de todo no podría comerse la naranja con esa boca carnívora. Un frío venido de allí mismo, nacido en la propia raíz de su espíritu tembló en su recuerdo. No. No era posible encarnarse en el gato. Tenía miedo de sentir un día en su paladar, en su garganta, en todo su organismo cuadrúpedo, el deseo irrevocable de comerse un ratón. Probablemente cuando su espíritu empiece a poblar el cuerpo del gato ya no sentiría deseos de comerse una naranja sino el repugnante y vivo deseo de comerse un ratón. Se estremeció al imaginarlo preso entre sus dientes después de la cacería. Lo sintió debatirse en sus últimos intentos de fuga, tratando de liberarse para llegar otra vez hasta su cueva. No. Todo menos eso. Era preferible seguir allí eternamente, en ese mundo lejano y misterioso de los espíritus puros.

Pero era difícil resignarse a vivir olvidada para siempre. ¿Por qué tenía que sentir deseos de comerse un ratón? ¿Quién primaría en esa síntesis de mujer y gato? ¿Primaría el instinto animal, primitivo, del cuerpo, o la voluntad pura de mujer? La respuesta fue clara, cristalina. Nada había que temer. Se encarnaría en el gato y se comería su deseada naranja. Además sería un ser extraño, un gato con inteligencia de mujer bella. Volvería a ser el centro de todas las atenciones... Fue entonces, por primera vez, cuando comprendió que por sobre todas sus virtudes estaba imperando su vanidad de mujer metafísica.

Como un insecto cuando pone en guardia sus antenas así orientó ella su energía por toda la casa en busca del gato. A esa hora debía de estar aún sobre la estufa soñando que despertará con un tallo de valeriana entre los dientes. Pero no estaba allí. Volvió a buscarlo, pero ya no encontró la estufa. La cocina no era la misma. Los rincones de la casa le eran extraños; ya no eran aquellos oscuros rincones llenos de telaraña. El gato no estaba en ninguna parte. Buscó por los tejados, en los árboles, en los canales, debajo de la cama, en la despensa. Todo lo encontró confundido. Donde creyó encontrar, otra vez, los retratos de sus antepasados, no encontró sino un frasco con arsénico. De allí en adelante encontró arsénico en toda la casa, pero el gato había desaparecido. La casa no era ya la misma de antes. ¿Qué había sido de sus cosas? ¿Por qué sus trece libros favoritos estaban cubiertos ahora de una espesa capa de arsénico? Recordó el naranjo del patio. Lo buscó y trató de encontrar otra vez “el niño’’ en su hueco de agua. Pero no estaba el naranjo en su sitio y “el niño” no era ya sino un puño de arsénico con ceniza bajo una pesada plataforma de concreto. Ahora sí dormía definitivamente. Todo era distinto. Y la casa tenía un fuerte olor arsenical que golpeaba el olfato como desde el fondo de una droguería.
 Sólo entonces comprendió ella que habían pasado ya tres mil años desde el día en que tuvo deseos de comerse la primer naranja.

41 comentarios:

  1. Bueno apreciado amigo Aristos yo he fumado muy pocos puro, ni cubanos ni holandeses aunque no tengo ni idea si en Holanda elaboran puros. El humo del cigarro puro no se traga, ya que de lo contrario puedes coger una cogorza de miedo incluso ponerte malo. El puro es simplemente para darle la chupada y echar el humo. Por cierto fumarse esos puros que los torcían las jóvenes entre sus muslos, debería tener una sustancia y olor especial. Aquí usamos también la expresión de "echarle un puro" a alguien cuando hace algo mal, no sé si esto por allí se usará. Yo lo que fumo son cigarrillos desde muy joven, y sé que no tenía que fumar, porque el tabaco es muy dañino, pero ya sabes que es un vicio muy malo, de hecho es una droga más. Por cierto el que fumo desde hace años es Pall-Mall negro que creo que viene de Puerto Rico. Muy bueno el cuento de García Márquez.

    Abrazos Aristos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ja ja ja Rafa tienes toda la razón el humo de los puros no se inhala como el de los cigarrillos. Yo no fumo ni puros ni cigarros, nunca me llamó la atención. Hay un vídeo de History Channell sobre el tabaco donde explican muy bien la producción industrial de los cigarros.
      El tabaco en principio fue usado con fines religiosos por los indígenas y esclavos, luego pasó a ser de uso de primera necesidad sobre todo en las guerras.
      Como dices los puros torcidos en pierna de artesana debían de tener un adictivo especial. Aunque me imagino que eres un experto en torcer el puro de esa forma ja ja ja.
      Gabo trasciende el espíritu artístico como escritor!!!
      Abrazos Rafa!!!

      Eliminar
  2. yo puros nada pero de cigarrillos sí, desde los trece años
    he intentado dejar de fumar varias veces
    la primera vez estuve 5 años sin fumar pero recaí
    la segunda vez estuve poco más de un año y recaí

    ahora sigo fumando pero he bajado la cantidad
    dos o tres diarios

    es un vicio que esclaviza sin duda, pero a veces se hace un placer culpable

    lo del cuento ...paso
    hay autores que no me llaman mucho la atención aunque sean famosos
    sorry

    ResponderEliminar
  3. pd... de todos modos reconozco la calidad narrativa de García Marquez
    de hecho cuando lo vimos por el boom latinoaméricano su cuento, "Solo vine a hablar por teléfono" me llamó mucho la atención el enfoque y el giro dado en la protagonista

    eso
    :D

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. mil gracias por cada una de tus huellas DILMAN
      ten una excelente jornada
      abrazos

      Eliminar
    2. Como le dije a Rafa el tabaco es una de las plantas sagradas de Latinoamérica y su uso era especialmente chamánico religioso, y posteriormente santero hasta que derivó en el uso y consumo que hoy se le da, que no deja de ser y de tener ese momento de recogimiento y trascendencia en ciertos momentos del día.
      Gracias por tu visita Poeta Lichazul.
      Abrazos!!!

      Eliminar
    3. acá sin duda (latinoamérica) existen psiquicos que trabajan con el puro o habano
      te ven el aura según ellos y hasta pueden hacer magia cuando te fuman

      es resabido esto último, sobre todo si usan una foto del sujeto a fumar
      abrazos

      Eliminar
    4. No conozco el trabajo de las personas que mencionas pero alcanzo a intuir que hay diferencias y distancias enormes con las terapias psicodramáticas chamánicas donde el juego y la creación son determinantes.
      Abrazos!!!

      Eliminar
  4. Te parecés al Che Guevara, con el habano y la gorra, jajaja.
    Cuánto me alegra ver de nuevo a Don Aristos incursionando en tan variados temas.
    Rituales con hojas de tabaco, el cuento de G. Márquez, ilustrado con la actriz que protagonizó "Doña Flor y sus dos maridos" no recuerdo su nombre ahora, pero intuyo que a muchos no le interesará demasiado jaja.
    En casa todavía quedan un par de puros, una botella de ron (vacía por supuesto) y un adorno con el nombre de "la bodeguita del medio" que frecuentaba Don Hemingway , casualmente también llamado Ernesto como el Comandante, recuerdos de la linda Cuba.
    Un abrazo grande querido amigo, y gracias por compartir un post tan ameno, que te confieso vine a leerlo entre tres o cuatros veces, sólo con el cuento de Don Gabriel, tendríamos tertulia para rato jaja.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Uuuuuuufffffffffffff!!! El Che!!!!!!!!!!!!!!! demasiado piropo Adriana!!!!!! ja ja ja si alguna vez me da por tatuarme de seguro El Che tendrá prioridad ja ja ja. El Che fue uno de los promotores de la elaboración para consumo internacional de los puros cubanos.

      "My mojito in La Bodeguita/ My daiquirí in La Floridita" ja ja ja.
      Este ron es la base para estas dos maravillas de cocteles.

      Siempre que está Gabo de por medio en una conversación el tiempo nunca será suficiente, para quienes le admiramos y lo estudiamos claro está.

      La bellísima de las fotos es la actríz brasileña Sonia Braga otro de los portentos del arte de la actuación latinoamericano.

      Adriaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaana hace rato estoy esperando que alguien me pique para soltarme sobre el cuento ja ja ja.

      Besos mi querida Poeta!!!

      Eliminar
  5. Ha merecido la pena leer tan largo relato (fragmento). ¡Qué digo!, me ha encantado leerlo(te).
    Casualidad la semana pasada me regaló, un amigo que acababa de estar en Cuba, UNA cajetilla de cigarrillos COHIBA (sabe que me encantan y que no fumo puros). El diseño de la caja es muy parecido; no pone "Club", pero sí "KING SIZE FILTER".
    Gabo vive a pocos kilómetros de mi casa (México D.F.). Por presumir, que no falte: de cercanos amigos y de amigos cercanos. Gracias por refrescarnos lo bello.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ja ja ja Bixen este gigante de las letras hispanas vive muy cerca de millones de seres en el mundo, especialmente en sus libreros y bibliotecas personales. Un honor para muchos mexicanos haberle acogido en la ciudad de las ciudades: México.

      Una vez el escritor, debió esperar en el aeropuerto de esta ciudad y apenas el Presidente de ese entonces Figueres Jr se enteró formó una comitiva de emergencia para ir a saludarlo.

      Todo un monumento de las letras universales!!!

      Fantástica tu anécdota con los puros, nada es gratuito, habrá que esperar que desenlace pueda tener el inicio de esta historia, por algo llegaron allí y seguro están esperando por entrar en escena ja ja ja.


      Abrazos!!!

      Eliminar
  6. Aristos, menudo tío sofisticado y gozador que estás hecho. A esos niveles no llega cualquiera. Solo falta que la lectora de cenizas fuera con tan poca ropa como la moza de la foto y entonces el puro no hace falta fumarlo. Se produce una combustión espontánea cuyas chispas llagan a La Elipa.

    Un abrazo Aristos, pecador.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ja ja ja si llegara a pasar eso de seguro que caigo tieso y tendido y más bien me llevan a La Almudena ja ja ja.
      Conocí a esta amiga hace ya 12 años atrás porque fui su paciente y de allí surgió una maravillosa amistad que ojalá se conserve hasta el final de mis días.
      El mundo y las dimensiones de la literatura son extraordinariamente liberadoras y ricas en recursos vitales. Es el alma de los pueblos.
      Gracias por pasar amigo Jaal.
      Abrazos!!!

      Eliminar
  7. Acabo de leer a jaal...... y jajajaja..... cuanta razón tiene!!!

    Me llevo el cuento para leerlo con calma.

    Sesiones chamánicas con puros cubanos y amiga psicóloga... hmmm... muy interesante. Pero me dejas expectante con los vaticinios de las cenizas.

    Vuelvo cuando haya leído el cuento.

    Uy... olvidaba comentar sobre ese torso... mejor lo dejo por las chispas que dice jaal :))

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ja ja ja querida Laura hace cerca de tres meses estoy inactivo por la carga de ocupaciones más los recientes eventos, debo volver al gimnasio y caminar más largo, pues a pesar que soy vegetariano he ganado grasa abdominal que debo suprimir, apenas me quede el tiempo justo retomo mi rutina aunque aún debo esperar para iniciar mis carreras acostumbradas.
      Las sesiones chamánicas son un juego, un pretexto catártico para asumir nuevas aristas del ser, ja ja ja por eso antes que ritual es psicodrama uno de los papeles fundamentales de la literatura, recuerda lo de "La divina comedia" y lo de "La comedia humana"
      El poder del tabaco es de conector, de religar con la divinidad de ahí su pasado como medio religioso, como apertura y desinhibidor de lo inconsciente.
      Te prometo que para noviembre o diciembre poso en la playa con mucho menos ropa y mucho menos grasa ja ja ja y ahí si que se forma el chispero ja ja ja.
      Muchos besos mi querida Laura Uve!!!

      Eliminar
    2. ¿¿Estás seguro que es el tabaco el desinhibidor y no el ron??
      Pues te tomo la palabra, quiero esa foto sí o sí (¿pero todavía no puedes correr por la lesión?)...y que se forme el chispero, el centelleo, las chiribitas y el relampageo...


      Leí el cuento.
      Precioso cuento que me ha enganchado hasta ver cómo García Marquez ligaba la belleza, los insectos, el gato y la naranja... Y claro, ha ligado un cuento precioso...

      ...sobre lo odiosos que pueden llegar a ser los ojos largos de los hombres para una mujer bella, hasta el punto de desear ser una mujer ordinaria, sin atractivos.

      ...sobre lo importante que es, por encima de la belleza, tener un sueño apacible.

      ...sobre el miedo, el terror a lo desconocido, a la oscuridad, a los malos recuerdos..., al miedo sin razón, un miedo porque sí...

      ...sobre el tránsito hacia un mundo extraño sin dimensiones terrenales en el que debía DESCONOCERSE A SÍ MISMA, no ser ella, ser incorpórea, vagar sobre la nada, un SER IMAGINARIO, un espíritu puro..., pero impedida de captar sensaciones... lo peor que le puede ocurrir a alguien, el origen de la ANGUSTIA...

      ...La reflexión final: el mundo fácil, descomplicado... puede proporcionar una felicidad sin sensaciones... pero esa no es la solución, porque resulta que al final desea tener una sensación: comerse una naranja, sentir el sabor de una naranja....

      En fin, me sugiere muchas cosas el cuento pero, como tú con los augurios de la "bruja", me lo guardo... Eso sí, voy a destacar algún párrafo bello por su lirismo y por su contenido:

      En la noche se iría a maullarle al cielo para que no derramara su cemento enlunado sobre el rostro de "el niño" que estaría bocarriba bebiéndose el rocío.

      Y especialmente:

      Se encarnaría en el gato y se comería su deseada naranja. Además sería un ser extraño, un gato con inteligencia de mujer bella. Volvería a ser el centro de todas las atenciones... Fue entonces, por primera vez, cuando comprendió que por sobre todas sus virtudes estaba imperando su vanidad de mujer metafísica.

      Y no digo más.............un cuento extraordinario... ¿qué influencia tuvo en la sesión chamánica?

      Un beso con sabor a naranja amarga, naturalmente :))

      Eliminar
    3. El ron es el desinhibidor físico pero el interruptor psíquico es el tabaco algo así como jugar a las cartas o algún juego de estrategia, aunque termina siendo un text psicológico que en lugar de llenar un formulario en una hoja con preguntas del 1 a tal número y de a a d por cada pregunta, se hace divertido con los "signos" que van surgiendo en la pavesa. Muy parecido a cuando jugamos a ver figuras en las nubes, o cuando los pintores de acuarela o tinta usan la aguada, tiran una mancha a un color o dos o más y de acuerdo a la forma de la mancha entonces componen sus cuadros, el diseño lo da la mancha y no el pintor que prácticamente interpreta el resultado, algo parecido, pero es un juego y nada más que eso ja ja ja que sirve para una exploración interior de fortalezas, debilidades, amenazas y oportunidades (un foda del alma).

      El mismo cuento de Gabo puede ejemplificar el ritual del tabaco y tú misma sin ser chamana lo estructuras de forma sorprendente:
      En el juego de muerte y vida entran todo los elementos orgánicos e inorgánicos en la dinámica de existencia de la protagonista y ella los acomoda de acuerdo a su estrategia de vida. Una estrategia que al final reclama la consciencia de volver a ser una mujer que pueda decidir para sí lo elemental y no estar enredada y presa en la telaraña de los deseos de otros que lapidan su esencia en la muerte de su niño y de su belleza, su incapacidad de crear representada en el naranjo que crece sobre el niño muerto sujeto a la eterna descomposición del universo.
      Un cuento que denuncia que nuestra muerte es la renuncia a nosotros mismos en vida en pos de una muerte externa, a dejarnos a arrebatar y condicionar el germen del poder ser conscientes del más elemental de nuestros deseos, hasta diluirnos en una atmósfera etérea, en un cielo platónico donde lo dramático y lo tangible después de todo demandan una mínima luz de los sentidos, luz que puede ser el renacimiento y la salvación. Llama la atención que el cuento haga énfasis en la mutilación y atrofia de la manifestación y expresión creadora de lo femenino en el universo en 3 mil años de historia y que cuando justo esta fuerza decide manifestarse hay un paisaje yermo donde el arsénico es atmósfera, horizonte y territorio. ¿Estaremos entonces por ver la aparición de una pronta Mesías que revolucione lo que hay que revolucionar de una vez por todas y para siempre?

      Desafío aceptado al final de año fotos en la playa ja ja ja.

      Besos grandotes plenos de Havana Club y efluvios torrenciales de plantas sagradas!!! ja ja ja gracias por tu detallado análisis y comentario!!!

      Creo que queda respondida tu pregunta sobre la influencia del cuento en la sesión chamánica.

      Eliminar
  8. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  9. Aristos, practiqué el arte o el vicio del tabaco apenas unos días en mi primer año de Universidad, pero aquello me pareció demasiada dependencia y lo abandoné. Sí recuerdo, me lo contaba mi abuelo que vivió un tiempo en Cuba, la historia de las lectoras, aquellas que amenizaban con relatos y novelas las largas jornadas de elaboración de los tabacos.
    Aunque después de leer tu entrada no sé si convocar los buenos augurios con un buen ron cubano o canario y las cenizas de un tabaco. Solo que yo sustituiré la piscina por el océano Atlántico jejeje.
    Me lo pensaré mientras releo este bellísimo cuento de García Márquez.
    Gracias amigo filósofo por esta entrada
    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ja ja ja amiga Felicidad hay una relación con esta planta sagrada que la determina como arte o vicio, son múltiples las aplicaciones medicinales y espirituales (psicológicas)que se pueden aprovechar de esta planta.
      La nicotina es la sustancia adictiva de esta planta la que la industria del tabaco ha sabido aprovechar para su beneficio y ganancia. Tengamos en cuenta que nuestra cultura se ha desarrollado bajo unos parámetros que incluso han convertido el alimentarse como nocivo.
      Desde que supe de esta práctica de lectura en las tabaquerías no pude más que maravillarme pues tener la posibilidad de estar ligado a la literatura mientras se trabaja ha de resultar un placer especial, aunque el acto de leer es un ritual y de intimidad que no será igual para todos pero si se logra de esa manera qué más se puede pedir.
      Ja ja ja yo vivo ha muchos metros de altura sobre el nivel del mar y el Atlántico me queda bloqueado por unas altas montañas por donde sale el sol, así que no tengo esa suerte que tienes de tener el mar siempre de frente, pero estoy trabajando con dedicación y encono para que ese sueño algún día se me haga realidad, ya veremos.
      Salud entonces por si sí o por si no va ese ron.
      Buen provecho en la relectura del cuento.
      Besos amiga Escritora!!!

      Eliminar
  10. Jajaja ARISTOS, no sabes cómo me he reído con lo que te he leído y viéndote disfrutar con tu puro, ahí... con esa pinta de indiano cubano a punto de salir a revisar tu plantación de caña de azúcar trotando suave a lomos de tu caballo ;))


    Ayyy el tabaco!! Mi relación con él, es tan extraña ,como odiosa. Verás, hasta los 21 jamás en mi vida había probado un cigarrillo, jamás. Una noche estudiando para un examen durísimo, estaba en la biblioteca del colegio mayor a las tantas de la madrugada, muerta de sueño y sin poderme permitir ese lujo, bien. Una compañera me dijo: María, por qué no das una calada a un cigarro, verás como te despeja... ¡¡maldita la hora en la que le hice caso!! jajaja le di una, funcionó ( no sé si por la tos que me entró o por la nicotina:-) total que a la media hora repetí la operación... y de allí a una semana, ya fumaba media cajetilla jajaja así estuve 5 años hasta tener a mi primera hija, el día que supe que estaba embarazada, apague el cigarro y no volví a encenderlo hasta 10 años después, el día que murió mi padre, ese día me fumé y lloré lo que no está escrito... bueno, pues desde ese día, ahí sigo enganchada al humo;))


    Me temo que como siempre me voy a alargar en exceso escribiéndote, lo siento, espero me perdones, pero siendo como es G. Márquez uno de mis escritores favoritos, encantándome como me encanta Sonia Braga y además vas jajaja y en el colmo de la maldad me pones este precioso cuento que es la versión (bis) realismo mágico de nuestro Demian ( estoy loca verdad:-) ¡¡qué te digo!! jajaja

    ...Que los miedos nos matan la vida, que todos están en nuestra cabeza, fruto de la educación y las mil inseguridades que nos vamos colgando por no ser seguros por dentro ¡¡quien pudiera!! Por eso luego en lugar de disfrutar de la belleza de nuestro cuerpo, sufrimos horrores como esta pobre EVA, que en lugar de pasarse 3000 años sin saborear una deliciosa naranja, debiera haberse puesto a trepar por una naranjo como un gato y no plantearse extrañas reencarnaciones, no lecturas extrañas de la ceniza como te hizo tu amiga jajaja una vez en el árbol, atiborrándose del jugo de las que allí hubiera podido encontrar y entonces...

    Entonces, no lloriquearía renegando de su belleza, ni sentiría todos esos bichitos dentro, ni le apestaría su mente y todo cuanto le rodeaba a arsénico, xD ¡¡cuanto desperdicio doloror por culpa del miedo a comerse una naranja!! ;))

    Mil gracias, por esto, por todo y porque me estoy partiendo de risa, que lo sepas...jajaja

    Muuuchos muchos besos y por favor, no le cojas gustito a ese puro ( jamás he probado uno y me mejor no lo hago:-) ... te cambio el tequila por el ron esta vez, el ron añejo, viejo, muy viejo en realidad es lo único que bebo, cuando estoy entre amigos, charlando a gusto y quiero matarme los bichitos de dentro jajaja ¿sabes qué? sieeempre se me convierten con él en mariposas que me hacen reír:-) como tú, otra vez gracias...



    Esta vez me comeré una naranja a tu salud y a la de nuestro querido BRUNO ¿te parece bien?
    Muaaaaakkss!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Amiga María no te imaginas lo que te agradezco por esa naranja a la salud del Bruno y la mía (soy un lágrima fácil sin remedio), pues todo como en el cuento y la obra de Gabo se interconecta y relaciona de forma en esta cotidianidad de manera misteriosa. Hemos dejado de lado los rituales catárticos y sanadores y hemos incorporado los tóxicos y alienantes. Verás, el ritual se cerró de una forma hermosa, entre ron y ron, de parte mía pues la bruja sólo tomó un mojito y nada más que uno, salió porque tenía que salir lo confortable que Bruno se sentía en las tardes de sol cuando la luz del sol daba sobre la ventana, son tardes amarillas en todos sus tonos, le encantaba el color amarillo. Debido a eso y al tacto e intuición que tienen ustedes las mujeres salimos a buscar un rosal amarillo para sembrarlo sobre su tumba, no encontramos en toda la ciudad uno solo, uno de los jardineros nos informó sobre un sitio donde se podían conseguir, salimos entonces hacia otra ciudad y de allí remontamos a un caserío empotrado entre las brumas de las montañas y qué sorpresa, quedaba el último como que estaba esperando por nosotros!!! ja ja ja. Al margen derecho publico el sitio y la foto de la rosa que ahora ilumina y le ladra al sol su alegría cuando le da su luz.
      Yo no me aficionaré ya al tabaco, ya pasé el periodo donde eso pudo ocurrir, lo del ritual fue sólo un momento de catarsis y sobre todo de reinterpretación y reacomodo espiritual.
      Gracias por dejar tu anécdota relacionada con el tabaco teñida a veces por la tensión y también por el profundo pesar de la despedida de tu padre.
      Me alegra mucho saber que tienes la facultad de la risa y que de alguna manera yo haya contribuido a ese sano estímulo ja ja ja.
      Como ves el ritual tiene sus extensiones y repercusiones sanadoras, que es el mismísimo propósito de Eva y de todas las Evas del mundo por ya mas de 3 mil años de historia.
      Bueno mi querida amiga María entonces 3 mil besos sanadores y liberadores y muchísimas gracias por corroborar este camino de vida y ascenso hacia ese mundo donde todos los seres volverán a ser hermanos!!!

      Eliminar
  11. Bueno, pues te diré que he pasado una envidia de muerte, brrrr. Dejé de fumar hace año y pico y me chutaba ahora mismo un puro o lo que me pusieran por delante. Pero no lo haré, que me costó mucho dejarlo y mi vicio no es de los veniales, sino de los gordos, con las casi dos cajetillas diarias. Así que cuando te he visto tan ufano con tu puro en actitud de salutación a los cuatro puntos cardinales, a mí me entraban ganas de saludar al universo entero con una pizca de humo circulándome por dentro. Pero no, dicho está y cambié de tema para olvidarme del puñetero tabaco.
    El señor Gabo me apresó, como siempre. Escriba lo que escriba tiene el don de comunicar, así como el del encantamiento sobre el prójimo. ¡Que suerte la suya! De mayor, quisiera ser como él, que es mucha mi admiración hacia su obra, incluidos sus cuentos, verdaderas gemas narrativas.
    Abrazos, bon vivant.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Amiga Isabel ja ja ja no soy fumador ni lo seré, lo del puro en esta publicación es solo casi como una actuación donde lo importante era experimentar sobre esa carga de emociones arremolinadas por estos días.
      En el pulso de tus letras se ve una firmeza a prueba de todo así que tu decisión, está claro, se mantendrá en su puesto.
      Gabo tuvo la oportunidad de administrar magistralmente su primigenio deseo de comerse una naranja y no desviarse o distraerse con otros propósitos, un verdadero mago del virtuosismo del estilo que hace vibrar lo más recóndito del alma.
      Gracias por tu divertido comentario, todo un ejemplo de determinación.
      Besos querida Escritora!!!

      Eliminar

  12. Curioso ritual nos cuentas. No sabía nada acerca de leer las cenizas del tabaco.
    Espero que nadie lea mis cenizas...
    Como siempre, un deleite leerte... a a GMM, por supuesto.

    · un abrazo

    · LMA · & · CR ·


    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Por estos lados caribes es común todo tipo de lecturas ja ja ja, así como lo de las bebidas espirituosas. Hay distintos acercamientos a estos rituales, creo que este fue diseñado a mi medida ja ja ja así que creo es único e irrepetible.
      Gabo todo un icono de las letras hispanas y estrella universal.
      Abrazos Artista!!!

      Eliminar
  13. feliz fin de semana
    gracias por tu huella
    abrazos

    ResponderEliminar
  14. "Primera naranja", "primer naranja".

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

      Eliminar
    2. Hay un pequeño libro sobre los errores gramaticales en la obra garcíamarquiana, nada raro en un escritor que siempre ha reconocido su desatención en esta materia, pero más que culparle hay que tener en cuenta el trabajo de los correctores y editores que deben estar al tanto de estos detalles.
      El apócope de primero ante un sustantivo femenino es un arcaísmo que en estos tiempos es inusual, difícil saber la causa de esta construcción, si fue adrede, si fue descuido, si fue error de quien copió el texto, en fin...gracias por la anotación.
      El escritor tenía 20 años cuando se publicó este cuento.
      Abrazos!!!

      Eliminar
    3. Segurísimo estoy que lo escribió adrede. Muy bien por ti al no haberlo corregido, porque perdería gran parte de su sentido. Los hispanoamericanos no dicen 'primera', aunque sí 'segunda', 'tercera',... Gabo concluye reafirmando así su texto.
      Imagino que viene de antaño y luego el castellano de España distinguió los géneros.
      P.D. Para nada mi propósito fue dudar de ti o hacerme el listo, encontrando una errata.

      Eliminar
  15. Lo del ritual del tabaco es bastante curioso, y curiosa me he quedado por saber el "veredicto de éste", y ya sabes, hilando lo uno con lo otro, decir que "la curiosidad mató al gato" y que "Eva fue la primera mujer y la primera curiosa":)

    No conocía el relato de García Márquez, gracias por acercarlo hasta aquí.
    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Los augurios de la bruja no tienen mucho esfuerzo pues me conoce mejor que yo, hace ya más de doce años que tenemos amistad y seguro que sabe los detalles de todos mis movimientos futuros los lea en la ceniza o no ja ja ja.
      Como lo narré anteriormente fue una sección de evaluación y fortificación anímica y emocional, más cuando se que voy a vivir al menos otros 50 años de prosperidad y dicha ja ja ja.
      Es un gusto muchas de las creaciones de este escritor no solo por su especial estilo sino por todo su planteamiento sobre el ser y el existir!!!
      Gracias por tu visita querida Ginebra.
      Besos!!!

      Eliminar
  16. Los miedos de Eva transmitidos hasta más allá de la eternidad...

    Yo soy de habanos también sabes?
    Y muy santero te leo... ja!!!
    Antes fumaba habanitos, los chiquitos, claro, en vez de tabaco.
    Y es que siempre me han gustado más que el tabaco rubio.

    Me alegra verte ya animadillo y repuesto.

    Besos, Aristos!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La santería es una práctica y culto religioso bastante extendida en el Caribe pero no tanto en la meseta josefina aquí en Costa Rica. Esta amiga ha estudiado con detenimiento sobre esta religión y otros cultos sincréticos y autóctonos de la región, es toda una autoridad como investigadora. Fue una agradable experiencia, pero ya sabes que soy ateo y mi interpretación religiosa es bastante particular. Mi atención se centra en los valores estéticos y su relación espiritual por ello el disfrute literario es tan esencial para mi sobrevivencia ja ja ja.
      A medida que pase el tiempo ojalá me pueda enterar más acerca de tu relación con los puros y las letras claro está, es una relación bastante interesante.
      Gracias por tu visita querida Eva.
      Besos!!!

      Eliminar
  17. ten una semana preciosa DILMAN
    acá la lluvia , el viento, el volcán Copahue y los temblores
    nos hacen pasar un otoño removido

    besitos
    mil gracias por cada una de tus huellas

    ResponderEliminar
  18. Así será Poeta, por aquí también se ha movido bastante la tierra y los volcanes ahúman más ja ja ja.
    Besos!!!

    ResponderEliminar
  19. Caramba.cóo has engarzado la maestría de Márquez,con la de esa bruja,con la tuya al escribir y describir y cómo no!
    A la siempre maestría de la magia humana,de sus creencias,quereres,anhelos y miserias.
    Chapeau, maestro.
    Y lo digo sin puro y sin ron,que si no, no lo diría muy sobria,ya que no todo el mundo vale para uno de esos puros o rones.
    Salvando las diferencias, la lectura de esta obra de Gabriel, tal vez por la proximidad de ubicaciones,sentimientos,etc,me ha recordado-ya digo que salvando diferencias- a la mujer habitada de Gioconda Belli,por ejemplo.
    Besos.

    ResponderEliminar
  20. besitos y energías Dilman
    mil gracias por tus palabras en mi rincón
    ten una jornada genial

    ResponderEliminar