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lunes, 4 de mayo de 2015

GENESIS


(Fragmenta)

En la luz del cardo se abre tu nombre, solo entonces sé del decir de la menta entre el rocío y la hierba.

No nos miente el viento ni el fuego en su salto verde de fiera en esta caída infinita hasta nuestra primera estrella.

Los rayos del verso y del abrazo han hecho para nosotros de la mañana y de la tarde un solo día en tu piel que tiembla.

miércoles, 25 de marzo de 2015

EL AMOR ROMÁNTICO SERÁ LA ÚLTIMA ILUSIÓN DEL VIEJO ORDEN

En la yegua Frou-frou, una metáfora sobre el sacrificio
Escultura de Eddy Roos
Acerca de la relación entre Tolstoi y las mujeres se ha escrito mucho; también sobre Tolstoi y el feminismo. Al autor de Guerra y Paz le cabe bastante bien el nombre de escritor vate o vidente. De alguna manera su representación de la Rusia de los nobles y los campesinos, los plebeyos y los príncipes, anticipa toda la historia del siglo XX. En su última novela, La resurrección , el personaje de la criada –violada por un juez, luego acusada de ladrona y asesina en un prostíbulo y enviada a Siberia por el mismo juez–, anticipa claramente la revolución bolchevique. La Maslova termina como una guerrillera loca en las incipientes rebeliones que dieron origen a la Revolución del 17. Pero la novela había sido escrita veinte años antes.
En Guerra y Paz , se va a contar el episodio épico más grande de la historia de Rusia, con miles de personajes, con cientos de escenarios históricos y ficcionales, decenas de batallas: militares, intelectuales, Napoleón, príncipes, el zar…; pero la primera baja que tiene la novela es la de una mujer que muere dando a luz. Sólo un gran autor puede hacernos ver hasta qué punto esa muerte es un hecho político y forma parte de una masacre que, hasta que él hablara, era experimentado como un destino fatal de las mujeres.
Pero Tolstoi no era un escritor simplemente feminista que denunciaba cómodamente las leyes del patriarcado, también era un crítico de las acciones y la pasividad de las mujeres de la época y las exhortaba a actuar.
De todos los personajes femeninos heroicos de las novelas de Tolstoi, hay uno que es especialmente notable en una escena magistral: una yegua.
Frou-frou es la yegua con la que el conde Vronsky corre la carrera en la segunda parte deAnna Karenina . Para ese momento, Anna y el conde Vronsky ya se conocieron y ya bailaron una mazurka para el escándalo de toda la sociedad de San Petersburgo. El la galanteó en público y en privado, a él no le importa nada: es joven, es noble, es un militar de cierta reputación, es libertino, es rico, y es varón. Ella, en cambio, tiene todo para perder: madre, casada, bella, es una mujer que debe responder por su reputación y la de su marido. Y por los privilegios de su vida, que son responsabilidades, debe pagar con su vida. Tolstoi nos hace comparar la misma situación con el hermano de Anna, que descubierto en una pequeña infidelidad, es amonestado por su esposa, que se “ofende” por unos días.
Anna se la pasa durante todo el libro primero de la novela y parte del segundo, rechazando los galanteos de Vronsky, aunque se sienta muy atraída por él y por eso que él tiene: su libertad. Ingenuamente cree que junto a él ambos serán igualmente libres. Dice no al baile, no a la visita, no a la salida a patinar, dice no a todo lo que quiere y terminará claudicando. Porque Vronsky insiste una y otra vez, y sabe que, finalmente, va a hacer lo que él quiera.
La última versión cinematográfica de la novela, dirigida por el ya célebre adaptador de novelas de “época” Joe Wright ( Orgullo y prejuicio , de Jane Austen, Expiación, de Ian Mc Ewan) tiene el controvertido guión de Tom Stoppard. Para enfrentarse con la novela de Tolstoi, Stoppard eligió dos rasgos fundamentales de la novela: el teatro y los caballos. Por un lado nos muestra que todas las escenas que plantea Tolstoi tienen un marco teatral. Con ello Stoppard nos expone un rasgo fundamental del siglo XIX hasta la mitad del XX: lo que se muestra es más importante que lo que es, la representación tiene más valor que la realidad. El escándalo de Anna no es tanto lo que hace, sino que lo haga de manera flagrante, a la vista de todos.
El otro rasgo resaltado en la película son los caballos. Se trata de una sociedad y un tiempo en el que los caballos eran una fuerza poderosísima, pero al mismo tiempo, se había decretado, por efecto de la máquina de vapor, que su rol fundamental en la sociedad había llegado a su clímax. Pero en la película, también se quiere resaltar aquello que los caballos tienen de metonimia entre su cuerpo entregado al trabajo y la fuerza del siglo XIX y el de las mujeres, entregadas al sacrificio. En ese libro segundo, Tolstoi nos cuenta una carrera de caballos para mostrarnos como en una puesta en abismo toda la novela. La carrera comienza con toda la “sociedad” de testigo. Entre los espectadores está Anna, que llegó acompañada por su marido Karenin, entre los corredores el conde Vronsky. Vronsky elige para esa carrera a su yegua preferida, Frou-frou. El está corriendo contra sus compañeros de armas, son amigos, son compinches que se conocen y se divierten en el deporte; pero también están compitiendo; son rivales y todos quieren ganar. Vronsky es uno de los favoritos con su hermosa yegua y quiere también mostrarle a esa mujer que está en el paddock qué tipo de jinete es él.
La carrera se desarrolla sin muchas sorpresas, Vronsky es uno de los que va a la cabeza y tiene apenas dos contendientes serios. Pero en algún momento de la carrera, otro de los jinetes se le acerca y lo pasa. Vronsky entonces azota y exige a Frou-frou para que acelere y ella se exige más, se exige demasiado, hasta que se paraliza. Entonces Vronsky, lleno de ira y de venganza, la vuelve a azotar, y ella entonces obedece y va más allá de sus fuerzas, hasta que rueda, ambos caen. El sale ileso de la caída pero ella se manca.
Tirada, agitada y muda, Frou-frou mira a su jinete y pide ser matada. Vronsky percibe en ese momento que va a sacrificar a su yegua preferida, y con lágrimas en los ojos, dispara los dos tiros de la piedad. Al disparar, él no sabe, porque sólo lo sabemos los lectores, porque de cierta manera Tolstoi nos lo dice, que la muerte de Frou- frou prefigura toda la vida futura de Anna y su amante. Él es esa clase de hombre: los que le exigen demasiado a su yegua, los que le piden a su yegua lo que la yegua no les puede dar y los que finalmente saldrán ilesos de esa relación, mientras que su yegua será sacrificada.
Desde la platea donde Anna es espectadora de esa escena, junto a su marido, ella sufre y en el momento de la caída no puede ocultar su infortunio y dice: “¡ahhhh!”. Ese suspiro demasiado sonoro es escuchado nítidamente por el resto de los espectadores y por su marido. Saben que, desde ese momento Anna es como Frou-frou, una mujer que se encamina al sacrificio absoluto.

A.Schettini es docente en la Untref. Es poeta y autor de los ensayos reunidos en El tesoro de la lengua.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Participa con alegría en las penas del mundo. Busca tu bienaventuranza


¿Dónde está la sabiduría que perdimos con el
conocimiento?
¿Dónde está el conocimiento que perdimos con la
información?
-T. S. ELIOT

Joseph Campbell acostumbraba decir que la mitología representa
la Armonía de las Esferas de la que hablaban los pitagóricos:
la continua música que produce el Universo. La mitología -como
la música- señala de algún modo el sentido de la vida, que no
puede ser expresado en palabras, como quien transmite una fórmula,
pero sí sugerido en símbolos, cantado por las Sirenas.
La concepción de mitología universal que Campbell ha desarrollado
a lo largo de su fecunda obra es la de una tradición viva que conserva
un tesoro, el tesoro de la philosophia perennis de la humanidad
expresada en las distintas lenguas. En este sentido, toda la sabiduría
de las distintas tradiciones es mitología, desde la antigua Sumer
hasta el Rey Arturo pasando por las Upanishadas, Homero, Lao Tsé,
el Antiguo y el Nuevo Testamento y el sagrado Corán. Y en la modernidad
los artistas han enriquecido este texto infinito como lo han hecho
Shakespeare, Goethe, Thomas Mann o James Joyce, mientras
Jung, Freud, Spengler y Nietzsche han vuelto a pensar el mismo núcleo
viviente del mito eterno. Siempre se trata de descifrar el mismo
oráculo de la vida humana en sus distintos niveles: las esferas psicológicas
y sociales danzan en torno del centro sagrado del mundo.
Desde una perspectiva muy amplia Joseph Campbell ha creado una
articulación vitalista y afirmadora de los contenidos esenciales de la
mitología sin excesivos planteos teóricos ni complejidades expositivas.
Su pensamiento es simple y profundo a la vez. Muestra que en la
mitología se preserva conocimiento, no mera erudición sino historias
sobre la sabiduría de la vida, como huellas de la experiencia que
otros han marcado en su camino. Dentro de este corpus textual que
constituye la mitología en este vasto sentido se incluyen todos los
textos sagrados, las leyendas populares, la literatura y la filosofía porque
son portadores de los significados con los que se construyó
nuestra visión del mundo…

Respecto de la función de la mitología,
Campbell insiste en el hecho de que en las escuelas ya no se educa a
nadie, sino que solo se da información. Y este es justamente el problema:
en las culturas en las que se mantiene una tradición viva -como
en el mundo antiguo y en el Oriente- lo que denominamos mitología
ha sido siempre el canal de trasmisión del conjunto de los valores
y las creencias de un pueblo articulados en una serie de relatos
simbólicos en los que se trasmitían tanto elementos de la historia de
la comunidad, como enseñanzas espirituales, planteos metafisicos y
claves para las situaciones vitales. Por el contrario, en la civilización
del Occidente contemporáneo -como bien lo reflejan la filosofía y la
literatura del siglo xx que Campbell conoció muy bien- vivimos cada
vez más en la tierra baldía, en el nihilismo de sociedades olvidadas
de sus propias riquezas. Y es en este punto que Campbell sostiene
que para el hombre actual de Occidente existe el tremendo desafío
de apoyarse en la sabiduría perenne de la humanidad (que incluye
evidentemente también a la tradición oriental) y crear una nueva mitología
planetaria de evolución espiritual o de algún modo perderse
en los propios laberintos de su mente y destruirse a sí mismo. Resulta
necesario advertir que Campbell nunca dejó de expresar esta disyuntiva
en un tono esperanzado…
( fragmentos del prólogo de “Metáforas de lo Eterno” de Joseph Campbell )




martes, 10 de marzo de 2015

Cóctel número 5- Avalancha de lodo


El pulso del oro y el fulgor del relámpago han dejado su silencio en el peso del loto.

Sé que en la tibieza del lodo ya han sido escritas la eternidad y la luz del vino, y este sabor de manzanas que una a una ordenan las ramas de una tarde verde hasta que las sonrisas de las novias iluminan las promesas de los brotes y de las espigas.

Receta del cóctel
Ingredientes:
1,75oz de vodka
1 taza de leche evaporada
1,5oz de bailys
1oz delicor de cafe
1/2oz de chocolate liquido
jarabe natural

Preparación:
licuar con abundante hielo
adornar copa con chocolate y cereza

Nota: Esta bebida se puede untar en los labios y en la piel.

lunes, 23 de febrero de 2015

Cóctel Número 4 - LA SILUETA DE EVA


Tus pechos me susurran que en el sentir de la arena el tiempo de tu sombra no es como el del agua. Cae de la silueta de la rosa abierta a la noche y al destino único de tu aroma.

Entre las estrellas y los granos del oro y de la sal, los amantes, los náufragos de horizontes titilantes anidan sus últimas soledades hasta dejar vacío el cáliz de este sol.

Dios ha puesto su índice en tu pecho y ha dejado para tu piel de princesa un nuevo corazón. Ahora eres una embriaguez y un canto del mar que ata la brisa a las sandalias de tus pies.


Sediento entre el estruendo de manantiales puros me disuelvo en la primera lluvia virginal y trueno y relámpago son el principio del mundo.

jueves, 5 de junio de 2014

La noche está estrellada...

En una madrugada de Mayo nació Fiero entre las trazas violetas de los pastos y bajo el furor de las vertiginosas Eta Acuáridas.
Creció hasta que su ímpetu de potro hacía palpitar con frenesí la tierra.
Conservo esta serigrafía hecha por un amigo pintor que recoge su desbocada irrupción de vida. Aún en el cuadro trata de escapar en su loca carrera por la ventana de mi habitación hacia el viento hijo de los campos abiertos y de los horizontes puros mientras su crin agreste se enreda en el juego de las estrellas.
...la noche está estrellada, y tiritan azules los astros a lo lejos..."

Este es Coco quien siempre me acompaña cuando espero en las madrugadas el paso y el sueño de los fugaces meteoros...

...hasta que el aroma del café despierta derramando el rojo vibrante de geranios y ciclámenes, bandera y verso para un nuevo sol, para un nuevo y apasionante día.


viernes, 21 de febrero de 2014

¨"¿Por qué reducir la vida a una dimensión?"

Escucho al doctor Luna hablar de su chamán y, de pronto, menciona “los universos alternativos” . Y, en un flash, recuerdo la misma expresión en boca del premio Nobel de Física 2004 Frank Wilczek, quien me habló aquí, al profundizar en la teoría de las cuerdas, de “esa lógica interna bellísima de la que todos formamos parte y en la que están inscritas desde la última partícula elemental hasta la inmensidad”. ¿Ven? El lenguaje del chamán amazónico perdido en la selva del Caquetá y el del Nobel, forjado en la más estricta observación del método científico, se acercan hasta hacerse indistinguibles. Al cabo, la más pura ciencia de hoy deviene esoterismo milenario. Es la danza de la realidad, y la gozaremos sólo con mantener la mente abierta y dispuesta antes a conocer que a condenar.


Dr . Eduardo Luna, Etnobotánico del chamanismo mestizo
Tengo 58 años y sigo creciendo. Nací en Florencia (Colombia), cuna de otro arte y otra sabiduría. Me doctoré en Etnobotánica Amazónica Mestiza. Enseño en la Universidad de Helsinki. Occidente puede recuperar en la Amazonia otras formas de conocimiento aniquiladas por la Inquisición y luego reprimidas por un racionalismo miope
Me tumbé y me quedé contemplando las estrellas… Hasta que me di cuenta de que era imposible que estuviera viendo las estrellas, porque estaba bajo techo.
–Eso es un razonamiento irracional.
–Propio del yagé: altera tu conciencia, pero al mismo tiempo mantiene la lucidez. Había visto una enorme serpiente yendo hacia la casa del chamán y de pronto empecé a pensar como la serpiente: ¡yo era la serpiente!
–¿Se sentía reptil?
–Me sorprendí amí mismo relamiéndome al anticipar lo deliciosas que estaban las ranas de la charca: me arrastraría poco a poco para no sorprenderlas… Pero de repente me asusté, porque madre daría un grito si me veía arrastrándome para devorar ranas.
–¿Y ser un bicho le parece agradable?
–No trataba de divertirme. No estaba tomando copas. El yagé, o ayahuasca, no es una droga recreativa sino un sacramento. Tras pensar en las ranas salí a vomitar. Al volver, las plumas del chamán se transformaron en pájaros que volaban.
–¿Ese viaje no es peligroso para la salud?
–No, porque la dosis letal de ayahuasca sería de cinco litros y las tomas habituales apenas superan los 50 mililitros. No es aconsejable la ingesta, desde luego, para quien no esté perfectamente sano, pero difícilmente enferma a nadie. Yo hace 35 años que la tomo.
–¿Cuándo la ingirió por última vez?
–Hace seis meses, en Brasil.
–No es usted un habitual.
–Nadie lo es, porque tomar el yagé es un trance desagradable. El líquido tiene un sabor vomitivo y es vomitivo. La toma sólo tiene un sentido si tú se lo confieres, un sentido espiritual, religioso, dentro de un ritual.
–¿Qué se siente?
–Es un sacramento y una comunión. Permite la introspección sobre tu propia conducta y abre tu mente a otras realidades que puedes compartir con los demás iniciados.
–¿Quién le guió su primera vez?
–Mi primera toma, prudentísima, fue con el etnobotánico húngaro Terence McKenna. Y constituyó toda una revelación. Me sentí como entrando en El jardín de las delicias del Bosco. Descubrí dimensiones, luces, colores y volúmenes insospechados, pero también aprendí a tomar distancia respecto a mí mismo: me vi como yo era y, desde aquel instante, jamás volví a angustiarme por nada.
–¿Mística enteógena?
–Para mí es parte de una búsqueda. Yo había sido seminarista. Nací en Florencia (Colombia) y mis padres me indujeron una vocación escolapia. Fui al seminario de Irache a estudiar Teología hasta los 20 años y lo abandoné para estudiar en Madrid. Al volver a Colombia me reencontré con el chamán ingano mestizo Apollinar  Yacanamijoy.
–¿Ingano?
–Hablaba quechua en su variedad inga, un dialecto de la lengua inca.
–¿Estaba a su lado el día de las estrellas?
–Sí. Recuerdo que, cuando me descubrí maravillado a mí mismo en aquella toma de yagé, le dije: “Don Apollinar, es usted sabio”, yme respondió: “No soy yo el maestro, es el yagé”. La ayahuasca, que el chamán me preparó en su variedad local de Banisteriopsis caapi mezclada con hojas de Diploterys cabrerana, es considerada una planta maestra. Es el yagé y no el chamán quien nos guía.
–¿Y dice que cambió su vida?
–Sí. Supe que recuperaría la sabiduría de mis antepasados que los años de estudios en Europa me habían hecho olvidar. Me licencié en Filosofía en Madrid, pero me casé con una noruega y vivimos en Oslo, donde enseñé en la universidad, y luego en Helsinki.
–¡Qué lejos de la Amazonia querida!
–Allí fui alumno de un sabio, el director del Instituto de las Religiones Oche Hultkrantz. Trabajamos juntos en mi tesis, que trataba de recuperar la sabiduría etnobotánica y la espiritualidad de la Amazonia.
–¿Siguió viendo las estrellas?
–Sí, y muchos libros. Estudié farmacología, botánica, fisiología y neurología para dedicar mi doctorado al chamanismo mestizo.
–¿Por qué al chamanismo mestizo?
–Porque es el puente con la sabiduría perdida en Occidente. Sus chamanes ardieron como brujas en las piras inquisitoriales.
–Hace siglos.
–Primero la Inquisición y luego la ilustración y su racionalismo más reduccionista y miope liquidaron esa espiritualidad que ustedes gozaron. Pero recuerde que la comunión católica, por ejemplo, donde se ingiere vino –otra droga–, es una reminiscencia de los ritos helenos de Eleusis y sus comuniones, que están en los fundamentos de toda su cultura.
–El sueño de la razón produce monstruos.
–No. La razón sólo es una forma de conocimiento más. ¿Por qué confinar la vida a una sola dimensión? Como sabe, el hemisferio cerebral derecho procesa creatividad y emociones, y el izquierdo, el raciocionio. El cubo de Necker, con el yagé, es percibido mejor por el hemisferio no racional.
–¿Y eso de qué nos sirve?
–Permite un sueño lúcido con el que puedes desbloquear traumas y mejorar la introspección. Pero el potencial de esta etnobotánica está por descubrir. Abramos, pues, puertas al conocimiento, no las cerremos.
–¿No se trata de una aventura sectaria?
–Es cierto que las nuevas religiones sincréticas brasileñas como el Santo Daime o Barquinha han hecho del yagé su sacramento y con buenos resultados, pero yo lo que pido es, antes que nada, sólido conocimiento científico y, a partir de él, experiencia vital. No reduzcamos nuestras vidas a una dimensión, porque hay muchas más y nos las perdemos.

Lluis Amiguet