lunes, 21 de noviembre de 2016

Exorciludio Cristaloclástico para acordes mayores

Para traducir o interpretar la inteligencia y lenguaje de la materia siempre recurro ya sea a la mitología, a la poesía, al anecdotario popular o hasta la ciencia. Cualquier recurso es válido para auscultar el latido vivo del mundo y escuchar su arrullo.
Tengo la fortuna de vivir a unos 15 km en línea recta del volcán Turrialba. Hacía ya más de 60 años que no entraba en actividad. También hay otro volcán a unos 40 km llamado el Poas pero este está tranquilo, hay más pero todos en calma, hasta el momento.
Uno de los tonos del olor puro de las entrañas de la tierra es bastante similar al de la pólvora, otro al hollín, y las intensidades del azufre no pueden faltar. Se pueden distinguir varios más según haya viento o no porque se mezcla con otros aromas, o según se haya tomado agua o no, o si se ha amado o no. Bueno esto último como para encabezar una novela o un cuento…intentémoslo en acordes mayores “Aquella mañana entre la bruma de la ceniza su mirada brillaba como si hubiera amado…” ahora en acordes menores “Aquella mañana bajo el peso de las brumas volcánicas desvió su mirada indiferente como si nunca hubiera amado…”
Leyendo en la gran cantidad de información que hay sobre la composición de la ceniza volcánica entre los muchos términos que los estudiosos emplean para su clasificación me encontré con los vitroclastos y los cristaloclastos partículas diminutas que integran este polen de piedra (verso de Neruda) y que son los que obligan a muchos a salir con mascarillas y anteojos así como suspender el paseo de las mascotas pues son contraproducentes a los pulmones y ojos.
La piedra ha sido fundamental para nuestra evolución como humanos, para nuestra cultura, y para la vida en general, desde la ceniza volcánica, pasando por las cuevas prehistóricas hasta los meteoros como mensajes celestes de grandes acontecimientos o hecatombes planetarias. 
La arena y la ceniza incluyendo la volcánica según varias mitologías se le asocia al caos en contraste con el orden y la modelación (imposible no recordar los jardines zen) igualmente se le asocia al ciclo del principio y el fin. No es para menos, así como los prehistóricos primitivos se hicieron un exoesqueleto en las grandes cavernas que hoy derivan en las construcciones donde vivimos, así muchos micro organismos habitaron estos gránulos de piedra fueran de arena o ceniza volcánica, viene siendo lo mismo solo que una es ceniza de mar y la otra arena de aire, todo esto como principio. Como fin bueno solo citar que los dinosaurios fueron extinguidos por un meteoro que impactó el planeta, para nosotros resulta ser un pedregón gigantesco pero para el universo solo es un gránulo de arena o ceniza espacial.
Este polen de piedra así como es manto para las corrientes de agua, es manto para las corrientes espirituales, eso lo notamos cuando nos embelesamos haciendo figuras en la arena o en la ceniza, hasta hay quienes leen los presagios o el futuro en las cenizas.
 Ya sea en el juego de los jardines zen, en la arena, o la ceniza, nunca está demás recrear nuestros arquetipos psíquicos bien en acordes mayores o bien en acordes menores…








NOTA DE ESTA PUBLICACIÓN: Algunas fotos fueron tomadas de la red, si alguno de los autores desea se retiren por favor comunicarme.


domingo, 16 de octubre de 2016

MONÓLOGO DE SHEREZADA


Ya no quiero palabras, solo un largo silencio.
¿Entre las ruinas quién decide contarse y contar a otros?
 El desierto nos rodea, las dunas son ardientes.
Todo muere de sed.
¿Quién quiere fábulas?
Mas, hay alguien que dice,
esta es la luna de las leves almenas,
y, a nosotros, perdidos, nos olvidan
en medio de la peste.
Damos gracias a Dios,
y a Sherazada
que recomienza “había una vez un Rey…”

(Giovanni Quessep) 

jueves, 15 de septiembre de 2016

La verdad sobre Sancho Panza



Franz Kafka
Sancho Panza, que por lo demás nunca se jactó de ello, logró, con el correr de los años, mediante la composición de una cantidad de novelas de caballería y de bandoleros, en horas del atardecer y de la noche, apartar a tal punto de sí a su demonio, al que luego dio el nombre de don Quijote, que este se lanzó irrefrenablemente a las más locas aventuras, las cuales empero, por falta de un objeto predeterminado, y que precisamente hubiese debido ser Sancho Panza, no hicieron daño a nadie. Sancho Panza, hombre libre, siguió impasible, quizás en razón de un cierto sentido de la responsabilidad, a don Quijote en sus andanzas, alcanzando con ello un grande y útil esparcimiento hasta su fin.
FIN